Breve reseña de la vida y obra de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl.

Año Uno Ácatl (947 d.C.): Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl nació de una virgen llamada Chimalma quien murió al parirlo, cerca del pueblo de Amatlán (entre Tepoztlán, San Juan Ocotitlán y Amatlán de Quetzalcóatl). Su padre adoptivo se llamaba Mixcóatl, famoso cazador del valle de Anáhuac. Desde su nacimiento las fuerzas negativas buscaron matarlo, pero sobrevivió a todos los intentos.

Año Uno Tecpatl (960 d.C.): Sus abuelos lo enviaron a los 14 años a la de ciudad de Xochicalco para ser entrenado por los sacerdotes de Quetzalcóatl, aprobando todas las lecciones y pruebas que allí recibió.

Año Uno Calli (973 d.C.): Cerca de cumplir los veintisiete años, marcho a la ciudad de Tulancingo. Permaneció allí por cuatro años, en el monasterio de Calmecac (columna de filas), donde se daba educación obligatoria a los futuros reyes. Fue en este lugar donde recibió instrucción sobre cómo buscar la divinidad en su interior y adonde le fue otorgada la investidura de sacerdote de Quetzalcóatl.

Año Cinco Calli (977 d.C.): A los treinta y un años de edad fue buscado por los toltecas para que fuera su rey y sacerdote principal en Tula. Durante el tiempo que gobernó el reino gozó de abundancia y sus moradores fueron felices, sin conocer la pobreza ni la tristeza. Y, mientras gobernaba, jamás abandono su predisposición al retiro, a la meditación, a la penitencia y al ayuno.

Año Nueve Calli (981 d.C.): Pero he aquí, que se descuidó el corazón de Ce Ácatl y el pueblo se torno negligente. Comenzó la degradación del reino y los salvajes de las poblaciones norteñas se establecieron en lugares cercanos, introduciendo al reino los sacrificios humanos. Ce Ácatl busco resistir pero, el avance de las energías oscuras y negativas iba en aumento presagiando el fin de los toltecas.

Año Uno Tochtli (986 d.C.): Los principales ministros del reino conspiraron contra Ce Ácatl para usurparle el poder. Realizaron un festejo y lo impulsaron a él y a su hermana* (sacerdotisa de Quetzalcóatl)  a beber vino de hongos hasta que perdieron completamente el control de sus personas. Y, como resultado de ello, estuvieron juntos en el lecho. Las noticias de la embriaguez y de lo realizado por Ce Ácatl con su hermana circularon rápidamente por la ciudad, lo que provocó el rechazo del pueblo hacia su rey. Y, como resultado de todo ello, Ce Ácatl fue finalmente expulsado del reino para iniciar su éxodo acompañado de un pequeño grupo de seguidores cercanos.

* Este pasaje del relato requiere una aclaración: la supuesta hermana de Ce Ácatl no podía realmente serlo: 1. Porque se afirma que Chimalma era virgen al parir a Ce Ácatl y murió al nacer el niño. Es decir, nunca tuvo otro hijo o hija aparte de Ce Áatl. 2. Porque se afirma que Mixcóatl era padrastro de Ce Ácatl y no su padre genético. Luego, aunque Mixcóatl hubiera tenido alguna hija, esta sería una hermana política de Ce Ácatl y no una hermana cosanguínea. El pasaje debe interpretarse entonces como una metáfora de la fusión de la polaridad masculino-femenina pero, en este caso, distorsionada la intensión y la pureza original por el uso del alcohol de hongo alucinógeno y en medio de una orgía complaciente.

Año Dos Ácatl (987 d.C.): Por todas partes caminó Ce Ácatl con sus seguidores originales y otros que se iban sumando en el camino. Llegó a Chichén Itza donde fue recibido con honores. Mientras su fama crecía con el correr del tiempo, viajó también hasta Cozumel y a la actual Nicaragua. Adonde quiera que estuvo dejo su enseñanza y algunos de sus seguidores para que lo representaran y guiaran a estos pueblos en el modo de vida tolteca.

Año Seis Ácatl (991d.C.): Fue en este tiempo que Ce Ácatl decidió regresar a la zona nahuatl. Grandes penalidades sufrieron él y sus seguidores en su camino de regreso, pues el reino estaba dividido y sus pobladores habían olvidado el culto a Quetzalcóatl. Sin embrago, en medio de tanta contaminación solo la ciudad de Cholula permaneció pura, pues en ella era fuerte la enseñanza de Quetzalcóatl. Hacia allá, pues, se dirigió Ce Ácatl. Fue tan bien recibido que decidió permanecer en la ciudad. Los lugareños le construyeron un templo magnifico y bello, y también le ofrecieron algunas cuevas que había no lejos del templo, donde él se refugió con los suyos. Durante todo el tiempo que Ce Ácatl estuvo en Cholula se dedico a impartir sus enseñanzas, según el espíritu interior le aconsejaba, y según había aprendido desde la niñez y en sus andanzas por las tierras del sur.

Año Uno Ácatl (999 d.C.): Alrededor de diez años vivió Ce Ácatl con los cholultecas. Sin embargo un día, a través de un sueño, supo que debía partir. Abandono Cholula con rumbo del nacimiento del sol y se estableció en una llanura entre el mar y un monte muy alto (Pico de Orizaba) con todos sus seguidores, aproximadamente ocho mil personas. Mando construir en el monte un templo de leña al tiempo que él ayunaba. Luego, después de despedirse de los suyos, ordenó que le vistieran con las insignias reales y entrando en el templo de leños, se prendió fuego a sí mismo. Nadie más lo hizo: el mismo levantando los brazos, hizo arder todo el templo de una vez, y se incendió*.

* Este pasaje del relato sobre la ignición de Ce Ácatl alude, desde un punto de vista esotérico, al llamado Tonemmiki, la activación del fuego interno, mediante el cual, se afirma que, el cuerpo físico de aquel que lo experimenta se trasmuta en pura conciencia o pura luz (Ascensión corporal).

Y dicen los viejos que solo ocho días permaneció Ce Ácatl ausente: cuatro días moró en la región de los muertos y otros cuatro días los pasó en las regiones superiores. Luego, reapareció y lo vieron de nuevo. Hablo con muchos y muchas cosas les dijo. También reunió a cuatro jóvenes cholultecas por los que sentía un amor particular, y les encomendó dar testimonio de los visto y oído. También les ordenó que dividiesen la tierra en cuatro partes o regiones, quedando la ciudad de Cholula como quinta parte y región central; como la capital misma de la Toltequidad.

Finalmente, pidió al pueblo que se congregase en la orilla del mar, para entregarle su bendición y su promesa. Les dijo: “Ahora he de marchar. Mas, no temáis, no me voy para siempre: eternamente escucharéis mi voz, por siempre retornará mi canto. No lloréis por el príncipe partido: os he dejado mi rostro, mis palabras, mis joyas. ¡Alegraos! Se acerca el nuevo día, el día magnífico, de radiante hermosura, cuando a mi rostro tenga que regresar. ¡Entonces me veréis! Comprenderéis, hermanos, las razones divinas; levantaré mi cosecha y recogeré lo sembrado; desaparecerá para siempre el Animal Maligno, y vosotros podréis caminar en paz… A la distancia de un grito, a la distancia de un día de camino está ya vuestro hombre, vuestro hermano mayor, el de los verdes jades, el de las barbas y el báculo de peregrino. El tiempo se acerca, la hora viene, nace la humanidad del Nuevo Sol. ¡Contemplad su señal ahora! ¡Erguid el madero!” (El árbol o madero erguido significó para los nawatls el eje del mundo, la columna vertebral y la iluminación espiritual).

Dicho esto tomó su manto de serpientes y lo arrojo al agua, el cual quedo firme como balsa. Subió luego en él y, mientras se alejaba les dijo sus últimas palabras y bendiciones. Y dicen los viejos, los que saben, que en verdad vive Quetzalcóatl, que no murió. Y que una vez más habrá de volver, que habrá de venir a reinar.

Fuente: Frank Díaz

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