Discurso de despedida de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl antes de partir definitivamente.

Finalmente, pidió Ce Ácatl al pueblo que se congregara en la orilla del mar, para entregarles su bendición y promesa: “Escuchadme, hermanos: yo, Quetzalcóatl, pluma teñida con sangre de serpientes, he renacido. A mi mismo me hice en la batalla, y así llegué a ser mi propio padre. He llegado a conocer los ciclos del destino, allá, donde se ensanchan las aguas y el tiempo queda detenido. Sólo vine a prepararme un camino.

Ahora he de marchar. Más, no temáis, no me voy para siempre: eternamente escucharéis mi voz, por siempre retornará mi canto. No lloréis por el príncipe partido: os he dejado mi rostro, mis palabras, mis joyas. ¡Alegraos!

Se acerca un nuevo día, el día magnífico, de radiante hermosura, cuando a mi rostro tenga que regresar. ¡Entonces me veréis! Comprenderéis, hermanos, las razones divinas; levantaré mi cosecha y recogeré lo sembrado; desaparecerá para siempre el Animal Maligno, y vosotros podréis caminar en paz.

Y se abrirán las puertas de oro, y venderéis en matrimonio los pueblos de la tierra al Templo (o Casa) de los Cuatro Rumbos, donde se os pedirá que no os descalcéis. Y se manifestará la señal de unidad en un Árbol Erguido*. El mundo habrá de verlo cuando ocurra; será el amanecer de Ometéotl.

Poder de bondad viene a vosotros, para vivificarlos, para extirpar del mundo todo temor. Poder de unidad, poder del corazón del cielo. Aquel que al recibirnos, no recibe sino a su propio ser. ¡Rendid devoción a la verdad, creed en su poder! Avivad la luz de vuestros corazones, Oh hermanos! Amanecerá el mundo para quienes comprendan.

A la distancia de un grito, a la distancia de un día de camino está vuestro hombre, vuestro hermano mayor, el de los verdes jades, el de las barbas y el báculo de peregrino: Tlahuizcalpantecuhtli, Aquel que se hace morada de la luz, (Señor de la Casa del Alba). El tiempo se acerca, la hora viene, nace la Humanidad del Nuevo Sol. ¡Contemplad su señal ahora! ¡Erguid el madero!*”

* El “árbol erguido”, “madero erguido” u “árbol del origen” significó para los nawatls el eje del mundo, la columna vertebral y la iluminación espiritual.”

Dicho esto tomó su manto de serpientes y lo arrojó al agua, el cual quedo firme como una balsa. Subió luego en él y se alejó de la orilla, al tiempo que bendecía al pueblo diciendo: “¡Que a todos os mire con amor el inventor del hombre, el conocedor del hombre! ¡Que seáis felices y cumpláis con todo lo que os di a comer de mi labio y mi boca! ¡Que permanezca la tierra, que estén en pie los montes! ¡Que se esparzan por el mundo las flores del maíz tostado, las perfumadas flores del cacao! ¡Que permanezca la tierra!”. Y así, la balsa de serpientes se alejó sobre las aguas del mar, rumbo al horizonte oriental. Y cuentan los viejos que entró en el cielo. Ocurrió esto en el año Ce Ácatl, el año de su nacimiento. Y dicen los viejos, los que saben, que en verdad vive Quetzalcóatl, que no murió. Y que una vez más habrá de volver, habrá de venir a reinar.

Fuente: Frank Díaz

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