Enseñanzas de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl en la ciudad de Cholula.

He aquí algunas de las enseñanzas con que instruyó Ce Ácatl a los cholultecas. Les dijo sobre Dios: “Dios es Uno. Serpiente Emplumada es su nombre. Nada exige, nada necesita. Sólo serpientes, mariposas (cuerpo y alma), eso le ofreceréis”. Y les dijo: “Nuestros padres y abuelos nos exhortaron diciendo que Él nos creó y formó, Él, cuyas criaturas somos, nuestro señor Quetzalcóatl. También creo los cielos, el sol y la tierra. Tenedlo presente.”

Y les decía cómo ser toltecas: “El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no humea. Convierte en sabios los rostros ajenos, les hace tomar corazón. Nunca pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.”

Y sobre el sabio les dijo: “El sabio es luz, es tea, es espejo horadado por ambos lados. Suyas son la tinta negra y la roja, suyos los códices. Él mismo es escritura y sabiduría. Camino, guía veraz para otros; conduce a las personas y a las cosas y es una autoridad en los asuntos humanos.”

“El falso sabio, es como un médico que ignora su oficio o como un hombre sin cordura: dice que sabe acerca de Dios, que tiene la tradición y la guarda. Pero es sólo vanagloria; sólo tiene vanidad. Dificulta las cosas, es jactancioso, inflado; es torrente, un despeñadero. Amante de la oscuridad y los rincones es un “sabio” misterioso, un “brujo” con secretos, un “soñador” que roba a su público, pues le toma algo suyo. Es un hechicero: tuerce los rostros ajenos, los extravía; hace que los demás pierdan su identidad. Es falso; en lugar de aclarar, encubre las cosas, las torna más difíciles, las mete en dificultades, las destruye; hace perecer a quien le sigue a fuerza de misterios; acaba con todo.”

Y sobre la caridad les dijo: “Amaos los unos a los otros; ayudaos los unos a los otros. Socorreos en la necesidad con la manta y el braguero, la joya, el salario, el alimento. Que no es verdad, no es cierto si despreciáis a quienes os rodean. Dad limosna a los hambrientos, aunque tengáis que quitaros vuestra comida. Vestid al que va en harapos, aunque vosotros mismos quedéis desnudos. Socorred al que os necesita aún a costa de vuestra propia vida. Mirad que es una vuestra carne y una vuestra humanidad.”

Un día se le acercó un joven cholulteca y así le dijo: “He procurado seguir tus enseñanzas a fin de llegar a ser tolteca. Pero cuando contemplo el dolor y la miseria humanas, mi corazón vacila.” Le respondió Ce Ácatl: “No te aflijas por la miseria y la pobreza humanas; no te enfermes por ello, ni te atormentes, ni tus entrañas adelgacen. ¿Es que sólo tibieza, bondad, ha de ser nuestra suerte? Sé un guerrero.

No desfallezca tu corazón ante lo retorcido, lo doble, lo que nos divide. Antes bien, arrójate a Él, el Ser del Cielo, Aquel que nos da vida. Con toda tu fuerza, con todo tu aliento, átate a lo alto, ve junto a Él, arrójate a Él. Y ocurrirá que Él mismo se haga raíz de tu propio ser.

Concéntrate en Él desde donde estás; acércalo a tu rostro, a tu corazón. Busca, reconoce qué se pide de ti sobre la tierra. Como cuando buscas algo a tientas, como cuando pintas un libro, ve así: poco a poco, pero ve.

Identifica en qué consiste el infortunio, la desdicha, la inhumanidad, la pérdida. Así no vivas. Sólo en tu propia paz, en tu prudencia, ve adelante, sin descanso, sin dudas, para que de este modo no se entristezca tu corazón. Con toda tu atención, serenamente, así vive.”

En una ocasión algunos discutían sobre lo que sucedía a un hombre al llegarle la hora de la muerte. Como no se ponían de acuerdo acudieron a Ce Ácatl. Les dijo: “No os engañéis. Los muertos no mueren, despiertan. Quienes aquí vivimos no vivimos, soñamos. Morir es hacerse dios, sol, luna, estrella, viento, mar, tierra. Comprenderlo: los muertos despiertan del sueño de esta vida. Fuesen sabios, nobles, esclavos: todos van a la Región del Misterio.”

Es así como Ce Ácatl  enseñaba a los cholultecas. De ese modo aprendieron sus seguidores y se hicieron toltecas. Muy cuidadosos fueron en las cosas divinas. Sólo un Dios tenían: el Dios único, a quien invocaban y suplicaban; y su nombre era Serpiente Emplumada. Todo lo que les dijo Ce Ácatl que hicieran, eso hicieron, sin defraudarlo, sin omitirle. Creyeron sus discípulos y así se hicieron sabios, así se hicieron ricos en amor, y fueron felices.

Fuente: Frank Díaz

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