Ometéotl, la divina uni-dual-trinidad.

En el artículo anterior (Téotl y Ometéotl) quedo explicado el porque la palabra Ometéotl significa la divina uni-dual-trinidad. Una prueba de esto puede encontrarse en la única definición conservada en una fuente directa del término Ometéotl que describe la trinidad en forma esquemática y, por lo tanto, dejando fuera de duda que los mexicas entendían a Ometéotl en un sentido trino:

“Omeyacan: este es como si dijésemos la causa primera, por otro nombre llamado Ometéotl, que es tanto como Señor de Tres Dignidades… (Cuyos aspectos son) Olombris (de quien mana la existencia), Hivenavi (el dispensador de dicha) y Nipaniuhca (el que media o sintetiza).” (Códice Vaticano 3738)

Otras referencias de Ometéotl como una deidad trina son, por ejemplo:

“Cuando los dioses quisieron hacer el Sol, hicieron penitencia para merecerlo, ofreciendo a los Tres Grandes perlas preciosas, incienso y otras cosas muy ricas.” (Teogonía e Historia de los Mexicanos)

“Medido esta el tiempo en que podamos alabar la magnificencia de Los Tres, y medido el que encontremos la protección del Sol.” (Chilam Balam de Chumayel)

Por su parte el Popol Vuh llama a las tres esencias de Ometéotl el “corazón del cielo”:

“He aquí como existía el Cielo y el Corazón del Cielo, que tal es el nombre de Dios. Estaba cubierto de plumas verdes y azules, por eso se le llama Serpiente Emplumada… Su primer nombre es Relámpago, el segundo Huella Sutil del Relámpago, y el tercero Rayo que Golpea. Los Tres son el Corazón del Cielo.” (Popol Vuh I. 1,2)

Esta visión de un dios trino, Ometéotl, influyo también en la concepción del fenómeno mesiánico, entendido como la triple manifestación de un mismo poder. Por ejemplo, en el Codicé Nuttal, el descenso de la Conciencia Quetzalcóatl al mundo se representó como tres voceros guerreros que caen desde el cielo de Venus, portando cada uno de ellos en su mano derecha un escudo y tres flechas, emblemas de la unidad y la trinidad, mientras que con la mano izquierda lanzan hacia la tierra sus respectivos atributos: la piedra (tierra), el rayo (fuego) y el agua, elementos con los cuales se realizó la creación.

Una idea similar a la anterior aparece en un documento maya, el Título de Totonicapán, donde se narra cómo la Serpiente Emplumada adoptó la forma de tres jóvenes, quienes jugaron un papel importante en el establecimiento del predominio quiché sobre los mayas del sudeste.

Por su parte el Chilam Balam narra un evento parecido al anterior, donde se explica que tres importantes personajes históricos arribaron a la península de Yucatán en el siglo X d. C: “El (Señor) del Palacio (fue) el sacerdote que vino a medir estas tierras. Luego vino el (Señor) del Árbol de la Profundidad y removió la tierra. Pero el que las barrió, fue el Señor Barredor. Entonces amaneció para ellos. Nuevo señor, nuevo despertar para la tierra.”

Con lo dicho aquí y en el artículo anterior (Teotl y Ometéotl) queda claro que para los pobladores originarios de Anáhuac, Ometéotl representaba no solamente un dios dual (el Señor y la Señora de la dualidad)  generador del universo material sino, también, una deidad trina o de tres esencias que a su vez eran una sola.

Fuente: Frank Díaz

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